La humanización en salud exige ciencia, técnica y capacidad para acompañar en el duelo y en la transformación de la vida.
La humanización en salud no es un gesto espontáneo ni un acto exclusivo de empatía. Requiere conocimiento, entrenamiento y una decisión estratégica para comprender que detrás de cada diagnóstico hay una persona con una historia, una familia, emociones y proyectos de vida. Ese fue el mensaje central del II Congreso de Humanización de la Red Hospitalaria Méderi, dedicado este año al acompañamiento del duelo.
Durante la apertura del encuentro, la doctora Martha Ospina, Presidenta Ejecutiva de la Red Hospitalaria Méderi, explicó que el cuidado humanizado es uno de los componentes estratégicos que orientan la gestión institucional. “La vida es mucho más que el cuerpo”, señaló al destacar que la atención integral implica reconocer que el entorno, las emociones y las pérdidas juegan un papel fundamental en la atención de un paciente.
El congreso reunió expertos nacionales e internacionales para compartir las prácticas más innovadoras en el cuidado de pacientes, familias y equipos de salud. En un hospital de alta complejidad, coincidieron los participantes, la humanización debe evolucionar al mismo ritmo que la ciencia.
Uno de los ejes del encuentro fue comprender el duelo más allá de la muerte. La pérdida de capacidades, los cambios en la imagen corporal, la transformación de los proyectos de vida o la incertidumbre frente al futuro también generan procesos de duelo que requieren acompañamiento especializado.
Los expertos insistieron en que la empatía, aunque indispensable, no es suficiente. El personal de salud necesita herramientas psicológicas, terapéuticas y comunicativas para ayudar a las personas a transitar las pérdidas y resignificar su experiencia, preservando la esperanza y el sentido de vida.
El congreso también abordó las nuevas perspectivas sobre el duelo, que reconocen que el vínculo con quien ha fallecido no desaparece, sino que se transforma. Mantener esa conexión a través del recuerdo, la oración, los valores compartidos o el legado recibido puede convertirse en una fuente de fortaleza y esperanza para quienes permanecen.
Otro de los llamados fue a cuidar a quienes cuidan. Los profesionales de la salud enfrentan diariamente una alta carga emocional, especialmente en servicios como oncología, urgencias y cuidados paliativos. Sin formación ni espacios para procesar esas experiencias, pueden aparecer fenómenos como el distrés moral, el desgaste emocional y la dificultad para acompañar adecuadamente a pacientes y familias.
Los conferencistas coincidieron en que las llamadas “habilidades blandas” son, en realidad, competencias clínicas esenciales que deben desarrollarse de manera permanente. Acompañar el sufrimiento, comunicar malas noticias, gestionar las propias emociones y sostener la calma en momentos de alta complejidad son capacidades que también se aprenden.
Más que un congreso académico, el encuentro fue una invitación a fortalecer una cultura del cuidado donde la excelencia científica y la sensibilidad humana avancen de la mano. Como concluyeron los participantes, humanizar la atención significa acompañar de corazón a corazón, entendiendo que, muchas veces, el mayor acto de cuidado no es curar, sino estar presente.